domingo, 20 de mayo de 2012

EL RINCÓN DE EDWIN. El neosocialismo y propiedad privada

Los mandatarios en la 37ª Cumbre del G8 en Deauville, Francia (2011).
Autoría:www.kremlin.ru

“Al hombre le dijo:
-Porque le hiciste caso a tu mujer
y comiste del árbol prohibido,
maldito el suelo por tu culpa:
con fatiga sacarás de él tu alimento mientras vivas;
te dará cardos y espinas, y comerás hierba del campo.
Comerás el pan con el sudor de tu frente,
hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella te sacaron;
porque eres polvo y al polvo volverás”.

Génesis 1,17-19.


I. La ley natural. Introducción

El estudio de los fenómenos sociales parte del hecho que los agentes sociales no son entes carentes de voluntad. Los entes carentes de voluntad están a merced de fuerzas externas a los mismos, de allí que sea predecible su comportamiento a partir del análisis de las leyes existentes en la naturaleza que rigen su comportamiento, cuyo estudio es atinente a la Física y otras Ciencias Exactas.

Pero para el caso de los seres humanos, no son aplicables las mismas leyes naturales para explicar las relaciones existentes entre ellos, dado que se trata de seres con voluntad propia, la cual es impredecible y muy volátil. De allí la inutilidad de aplicar modelos matemáticos para explicar cómo es la interrelación social y mucho menos cómo debe ser dicha interrelación.

Al respecto, nuestro profesor, el Doctor Joseph Keckeissen explicaba que el análisis económico debe desarrollarse de acuerdo con la ley natural, presentando dos escenarios. En el primero relativo a un león hambriento y en cuya jaula se coloca un pedazo de bistec; es predecible que el león se abalanzará y devorará el trozo de bistec. El segundo escenario se relaciona con un hombre que ha estado encerrado en un calabozo por varios meses y se dejará a solas con una mujer desnuda; posiblemente el prisionero no se abalanzará sobre la mujer, porque el ser humano razona, tiene discernimiento y además tiene alma. Tal es la naturaleza humana.

En relación con la ley natural y lo correcto o incorrecto de la metodología científica en el abordaje de los fenómenos sociales, resulta muy interesante conocer el pensamiento de Marco Tulio Cicerón, quien aproximadamente cincuenta años antes de Cristo desarrollara una brillante exposición al respecto.

Existe una ley, la ley verdadera, la justa razón, conforme a la naturaleza, presente en todos los seres, siempre acorde consigo misma, eterna. Es la misma en Roma y en Atenas, la misma hoy, la misma mañana. Es esta única y misma ley, eterna, inmutable, la que aúna a todos los pueblos y a todos los tiempos, pues es asimismo un único y mismo Dios, maestro común y soberano de todos los seres, quien la ha concebido, meditado, establecido; sus órdenes imponen deber. Es un sacrilegio sustituirla por una ley contraria; está prohibido dejar de aplicar una sola de sus disposiciones; en cuanto a abrogarla enteramente, nadie tiene la posibilidad de ello. La relación mutua entre los hombres es una exigencia natural. Un hombre, por el hecho de serlo, no puede ser un extraño para otro hombre.
(Cicerón, La República 3, 22, 33)


El presente documento por tanto, se desarrolla con base en premisas de la ley natural para analizar algunos elementos que se considera esenciales en el entorno de nuestro seminario en Universidad de Occidente de Guatemala, centrado en el libro publicado por el Doctor Jesús Huerta de Soto, cuyo título es “Socialismo, cálculo económico y función empresarial”, con la tutoría del eminente profesor Walter Francisco Hillermann Braham, donde se demuestra la vigencia del Socialismo en nuevas formas que constituyen un Neosocialismo que agrede al derecho de propiedad privada y en consecuencia a la función empresarial. En tal sentido, se demuestra que la agresión a la función empresarial es accesoria y secundaria al derecho natural de propiedad individual, esencia sobre la cual se asienta dicha importante función social.

II. El Socialismo

El núcleo del libro en cuestión reside en el análisis del sistema socialista y donde el autor expone la definición de Socialismo que él acepta, de la manera siguiente:

Definiremos el socialismo como todo sistema de agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial. Por agresión o coacción hemos de entender toda violencia física o amenaza de violencia física que se inicia y ejerce sobre el actor por otro ser humano o grupo de seres humanos. Como consecuencia de esta coacción, la persona, que de otra forma habría ejercido libremente su función empresarial, en evitación de mayores males, se ve forzada a actuar de una manera distinta a como habría actuado en otras circunstancias, modificando, por tanto, su comportamiento y adecuándolo a los fines de aquel o aquellos que le coaccionan. Podemos considerar la agresión, así definida, como la acción antihumana por excelencia. Esto es así porque la coacción impide que una persona ejerza libremente su función empresarial, es decir que, siguiendo la definición dada en el capítulo anterior, persiga aquellos fines que va descubriendo, utilizando para ello los medios que, de acuerdo con su información y conocimientos, crea o considere que se encuentran a su alcance para lograr dichos fines. La agresión es, por tanto, un mal porque impide que el ser humano desarrolle la actividad que le es más propia y que por esencia y de forma más íntima le corresponde.
(Jesús Huerta de Soto, Socialismo, cálculo económico y función empresarial cap. III)


Tal definición de Socialismo, presenta un análisis muy novedoso de dicho sistema, dados los giros de la sociedad mundial contemporánea, definición mucho más avanzada que las definiciones expuestas en la literatura más ampliamente difundida y conocida en las universidades y en los sitios más vanguardistas en la Internet de nuestros tiempos. Dicha definición y la exposición general que el Doctor Huerta de Soto presenta en su obra, de acuerdo con nuestro criterio es simplemente brillante.

III.La función empresarial y la propiedad privada

Está bien definida la acción ejercida por el Socialismo sobre el ejercicio de la función empresarial, función que está sustentada exclusivamente sobre la institución de la propiedad privada o propiedad individual, la cual constituye un derecho natural inalienable del ser humano y que desde la antigüedad ha sido discutido. Es en el pensamiento de Aristóteles donde puede distinguirse claramente la conveniencia de la preservación del derecho de propiedad privada, en contraposición al derecho de propiedad comunal.

"Es por tanto evidentemente preferible que la propiedad sea particular, y que sólo mediante el uso se haga común. Guiar a los espíritus en el sentido de esta benevolencia compete especialmente al legislador. Por lo demás, es poco cuanto se diga de lo gratos que son la idea y el sentimiento de la propiedad. El amor propio, que todos poseemos, no es un sentimiento reprensible; es un sentimiento completamente natural, lo cual no impide que se combata con razón el egoísmo, que no es ya este mismo sentimiento, sino un exceso culpable; a la manera que se censura la avaricia, si bien es cosa natural, si puede decirse así, que todos los hombres aprecien el dinero.

Es un verdadero encanto el favorecer y socorrer a los amigos, a los huéspedes, a los compañeros, y esta satisfacción sólo nos la puede proporcionar la propiedad individual. Este encanto desaparece cuando se quiere establecer esa exagerada unidad del Estado, así como se arranca a otras dos virtudes la ocasión de desenvolverse; en primer lugar, a la continencia, puesto que es una virtud respetar por prudencia la mujer de otro; y en segundo, a la generosidad, que es imposible sin la propiedad individual, porque en semejante república el ciudadano no puede mostrarse nunca liberal, ni ejercer ningún acto de generosidad, puesto que esta virtud sólo puede nacer con motivo del destino que se dé a lo que se posee".

(Aristóteles, Política Libro Segundo cap. II).


IV.La transferencia de la propiedad privada

El ejercicio de la propiedad privada, posibilita a los seres humanos, empresarios por excelencia, la transferencia de la misma mediante procesos libres, pacíficos y voluntarios por un lado, pero se constituye por otra parte, en un incentivo para que algunos seres humanos pretendan la transferencia de los derechos de propiedad de unos a su favor, acudiendo a la coacción y procesos friccionales o violentos en mayor o menor grado. En el primer caso, la transferencia se desarrollará mediante el proceso económico, mientras que el segundo caso atañe al proceso político o al más indeseable de los procesos, el proceso de guerra.

Al respecto, entre los interminables análisis registrados a lo largo de la Historia, me parece muy atractivo reproducir las reflexiones del sacerdote jesuita Juan de Mariana, quien durante el Siglo de Oro Español discutió la forma de cómo los pueblos y los imperios surgen y llegan a su apogeo y las causas por las cuales los mismos decrecen. En el análisis se advierte que el eje de las acciones de los pueblos gira en derredor de las ambiciones y la vorágine de las pasiones humanas de los hombres de una nación, por hacerse ilegítimamente de la propiedad privada de la gente de otras naciones.

Entre los hombres se llama grande todo lo que tiene un carácter de fuerza superior. Un conquistador que tiene la facilidad de conseguir algunas victorias, apoderarse de algunos reinos, y de derribar algunos tronos, llena de admiración a las gentes y su nombre se pronuncia con una especie de respeto en los pueblos. Pero si se examinan las conquistas con las luces de la razón, no se ve en los conquistadores sino unos hombres feroces, que olvidados de los sentimientos de la humanidad establecen un trono sobre ruinas de ciudades y montones de cadáveres; de manera que para saciar su ambición ó su vanidad hacen correr ríos de sangre y llenan de luto y de amargura infinitas familias. Juzgados de este modo los conquistadores por las luces puras de la filosofía desaparece toda su gloria se destruyen los trofeos que la ignorancia y la barbarie les habían levantado, pierden las coronas y se marchitan los funestos laureles que ceñían sus cabezas.

Los Romanos merecen nuestros elogios y admiración por las virtudes amables que se vieron en ellos las cuales les granjearon la estimación de las naciones vencidas y les hicieron soportable su imperio, Porque quién puede dejar de admirar el amor ardiente de la gloria que les dominaba, la prudencia del Senado, el valor invencible en los combates, la constancia en las adversidades, la moderación en la prosperidad, el respeto á la divinidad, la sumisión a las leyes, la obediencia á los Magistrados, la subordinación a los superiores, la frugalidad, la templanza y el amor á la pobreza. Todas estas virtudes formaban la moral pública de los Romanos los seis primeros siglos de esta famosa nación.

La austeridad de costumbres que en un pueblo bárbaro llega hasta la ferocidad estaba acompañada en ellos de mucha suavidad y moderación y así no se veían en esta nación aquellos actos de crueldad que son muy comunes aún en las naciones civilizadas. Las virtudes militares aunque elevadas al grado más alto de perfección y más capaces de las conquistas más brillantes, no tenían nada de áspero ni de feroz.

Rendido el enemigo cesaba la fuerza y solo se oía en su corazón la voz de la compasión y muchas veces se formaba la amistad más íntima entre los vencedores y vencidos. La severidad de sus costumbres se iba suavizando al paso que las conquistas se extendían y se aumentaba su poder de manera que en los últimos tiempos de la República se hizo el pueblo más culto y más delicado de la tierra. Los hombres con el trato se hacen más humanos, más atentos y más compasivos, porque las necesidades mutuas teniéndolos en una dependencia recíproca les obligan a enfrenar el genio y las pasiones; y así la falta de comunicación, les hace bárbaros y salvajes y esto mismo se ve en las naciones.

Las más bárbaras y groseras, con el trato y comunicación con las más ilustradas y cultas, pierden su grosería y ferocidad. Los hombres ignorantes y groseros rinden homenaje á la dulzura de las costumbres, admiran las luces que ven en los otros y de la admiración nacen los deseos de imitarles. Las naciones ilustradas conservan una especie de imperio suave sobre las que son ignorantes y bárbaras. La Grecia vencida por los romanos subyugó a estos feroces vencedores comunicándoles las artes y las ciencias. Graecia capta ferum victorem cepit, et artes intulit agresti Latió, dice Horacio en su carta á Augusto.

Estas mutaciones no se hacen de repente: las naciones y los particulares siempre pasan de un extremo á otro lentamente y por grados. Un hombre feroz, grosero, ignorante y brutal cuando pierde su ferocidad saliendo de su ignorancia, conserva siempre una especie de severidad y dureza, después pasa a una dulce y juiciosa pureza de costumbres poco á poco se deja llevar de las pasiones haciéndolas al principio alguna resistencia, y cuando estas se apoderan de su corazón, últimamente cae en la mayor corrupción.

Este es el progreso y los grados por donde pasan los hombres y las naciones del estado de salvajes al de civilización y de ésta caen en la corrupción. La historia nos manifiesta este mismo progreso en los romanos, los cuales finalmente se hicieron el pueblo más corrompido, más vil y más despreciable de todas las naciones.

Cuando los ejércitos de la República hicieron la guerra dentro de Italia o á la vista de ella , los soldados y generales respetaron las órdenes del Senado y las leyes; pero cuando estuvieron mucho tiempo en países muy distantes, unos y otros perdieron el espíritu de sumisión y de obediencia, y ya no se consideraban sino soldados de Syla, de Mario, de Pompeyo y de César que les pagaban y premiaban, y en quienes tenían puestas sus esperanzas y la República no sabía si estos hombres eran sus Generales ó sus enemigos.

Mientras el Senado tuvo contiendas con el pueblo agitado por los violentos discursos de los Tribunos le fue fácil aplacarlo por la constancia con que seguía sus sabias deliberaciones, porque el pueblo siempre obra por ímpetu, y jamás con sistema; pasa rápidamente de la estimación y de la benevolencia a la envidia y al odio; condena y luego absuelve, mata, destruye y comete atrocidades, y luego quisiera resucitar y reparar los agravios y daños que en su furor ha hecho: mas cuando estuvo apoyado con alguna fuerza formidable, fue inútil toda la prudencia del Senado para salvar la República.

En el último siglo, cuando el poder, el orgullo y la fiereza de estos republicanos no conocía límites, entraron en Roma todos los vicios de las naciones conquistadas, y ya no se veía en toda clase de ciudadanos sino una avaricia sórdida, una ambición desmesurada, un lujo extremado, en fin una corrupción general de costumbres. Todas las virtudes públicas que los habían hecho tan grandes, y habían contribuido tanto á sus conquistas, desaparecieron y se les substituyeron los vicios más opuestos.

(Juan de Mariana, Historia General de España Tomo III)


V. El ejercicio de la propiedad privada por medios ilegítimos

De los pensamientos anteriores puede notarse por tanto, que no todos los seres humanos se afanan por la adquisición de sus propiedades individuales por el derecho derivado de su legítima actividad. Se nota que es característica de muchos otros seres humanos en todos los pueblos de la tierra, en todos los tiempos de la Historia, el ansia por ejercer los derechos de propiedad sobre los bienes terrenales para el goce de sus frutos y beneficios en el ámbito de la avaricia y codicia desmedidas.

Constituyen tales seres humanos, a quienes gusta el ejercicio de la propiedad sin haber ganado dicho derecho por medios legítimos, una clase muy especial, la clase política; paralela ésta en infinidad de ocasiones a las clases criminales, clasificadas en forma separada, dado que estas últimas existen al margen de la ley, a diferencia de la primera que actúa al amparo de los estamentos legales. La clase política es aquella cuya actividad está íntimamente ligada a los asuntos de los Estados y por ende a las diferentes estructuras y organismos de los gobiernos, sean estos, estructuras nacionales o internacionales.

La verdadera motivación para el ejercicio de la acción política, muy a pesar de los argumentos justificatorios que se esgrimen, reside en la inconfesable pretención de obtener riqueza ajena sin entregar a cambio un bien o servicio en forma libre, pacífica y voluntaria. Queda excluida en el proceso político, la existencia de un marco de legítimo intercambio de derechos de propiedad privada.

Aristóteles presentó en su momento la caracterización de los escenarios típicos que rodeaban a las clases políticas de su tiempo, escenarios que tampoco han sido diferentes a lo largo de la Historia y cuyas expresiones pareciera que fuesen aplicables a los grupos políticos que en la actualidad en los diferentes países, ocupan o pretenden ocupar los espacios gubernamentales.

Por lo demás, es muy fácil ver que la tiranía tiene todos los inconvenientes de la democracia y de la oligarquía. Como ésta, sólo piensa en la riqueza, que es la única que verdaderamente puede garantizarle la felicidad de su guardia y los placeres del lujo. La tiranía también desconfía de las masas y les arranca el derecho de llevar armas. Hacer daño al pueblo, alejar a los ciudadanos de la población, dispersarlos, son procedimientos comunes a la oligarquía y a la tiranía.

De la democracia adopta la tiranía el sistema de guerra continua contra los ciudadanos poderosos, la lucha secreta y pública para destruirlos, los destierros a que se les condena, pretextando que son facciosos y enemigos del poder; porque sabe bien la tiranía que de las filas de las clases altas han de salir las conspiraciones contra ella, urdidas por unos con el fin de hacerse dueños del poder en provecho propio, y por otros para sustraerse a la esclavitud que los oprime. Esto era lo que significaba el consejo de Periandro a Trasíbulo; aquella nivelación de las espigas desiguales quería decir que era preciso deshacerse de los ciudadanos eminentes.

Todo lo que acabo de decir prueba claramente que las causas de las revoluciones deben ser, sobre poco más o menos, las mismas en las monarquías que en las repúblicas. La injusticia, el miedo, el desprecio han sido casi siempre causa de las conspiraciones de los súbditos contra los monarcas. Sin embargo, la injusticia las ha causado con menos frecuencia que el insulto, y algunas veces menos que las expoliaciones individuales. El fin que se proponen los conspiradores en las repúblicas es el mismo que en los Estados sometidos a un tirano o a un rey, y tienen lugar las revoluciones porque el monarca está colmado de honores y de riquezas que todos los demás envidian.

(Aristóteles, Política Libro Octavo Cap. VIII)


VI. Intervencionismo y propiedad privada

En tal sentido, una clase política, una vez ocupa los espacios de Gobierno, se constituye en un órgano director, que se encargará de dirigir e intervenir la acción de los seres humanos en la sociedad, con supuestas buenas intenciones, las cuales no se descartan en el libro constituido como eje de nuestro seminario, pero que nosotros hemos excluido de nuestra exposición, dada la evidencia a lo largo de los siglos.

El Doctor Armen Alchian, citado por Huerta de Soto, indica que "Gobierno es Socialismo por definición" y en consecuencia, el segundo de ellos en el punto número 7 de su capítulo III, dedicado al análisis del Socialismo, desarrolla una discusión de los diferentes tipos del mismo, incluyendo los diferentes matices del Socialismo conocido, el socialismo de izquierdas. Sin embargo, resultará para el lector, muy sorpresiva la inclusión de un nuevo tipo de Socialismo, el Socialismo Conservador o Socialismo de Derechas.

En este sentido, debe recordarse la definición expuesta por el Doctor Huerta de Soto: “toda agresión institucional al libre ejercicio de la función empresarial”, la cual tiene una conexión estrecha y directa con medios de coacción para limitar o anular de ser posible, dicho libre ejercicio, el cual reside sobre la plataforma del derecho de propiedad, sin importar quiénes ejerzan dicha coacción, ya que puede tratarse de grupos ubicados en las diferentes tonalidades políticas que oscilan entre la extrema izquierda, pasando por los diferentes matrices de moderación del centro hasta la extrema derecha, quienes ocupen el órgano de dirección en la sociedad.

La realidad demuestra en la actualidad la volubilidad de las personas que centran el eje de su vida en la actividad política. La incongruencia ideológica y su constante movilidad entre diferentes partidos políticos en búsqueda de ocupar espacios en los gobiernos, acudiendo a medios sutiles y perversos para apoderarse de la propiedad privada de las mayorías de la sociedad, nos lleva a concluir que el mundo se enfrenta, no obstante la aparente caída del Socialismo, a nuevas mutaciones de dicho sistema.

Observamos en nuestras sociedades a políticos que en menos de una semana se han cambiado de partidos de extrema izquierda a partidos con supuesta ideología de extrema derecha u opciones de centro izquierda o centro derecha o simplemente centro; ni qué decir de los burocrátas que permanecen impávidos en el ejercicio de sus cargos a pesar de los cambios derivados de los procesos electorales.

La posición ideológica para ellos, no es importante, sino solamente importan los medios más expeditivos para alcanzar el poder, mantenerse en él y al estilo del Papa Leon X, quien dijera “Ya que Dios nos ha dado el papado, gocémoslo”, implementar diferentes medios sutiles y perversos para que mediante la intervención económica o el latrocinio descarado, se facilite la obtención de parte o la totalidad de la propiedad privada de las grandes mayorías de la población.

VII. Neosocialismo y el derecho de propiedad privada. Conclusión

Lo anterior nos lleva a concluir que el Socialismo contemporáneo o mejor dicho, el Neosocialismo se ha extendido, no sólo hacia los diferentes espectros de izquierda y derecha, con sus matices moderados o de centro. Nuestro criterio concuerda con el expuesto por el Doctor Jesús Huerta de Soto en cuanto a que el Socialismo y en nuestro concepto, el Neosocialismo, agrede la función de los empresarios en la sociedad. En tal sentido, debemos subrayar que, la base fundamental de la sociedad está constituida por el empresario, figura que corresponde a todos los seres humanos que intercambian su legítimo derecho de propiedad en la sociedad, comprando y vendiendo, en forma libre, pacífica y voluntaria.

Por tanto, se considera que más allá de que el Neosocialismo sea toda agresión institucional y sistemática al libre ejercicio de la función empresarial, en realidad, dicha agresión va dirigida directamente por los políticos ubicados en las diferentes estructuras gubernamentales, sean estos funcionarios públicos, burócratas o empleados públicos, lobistas, así como grupos de interés y de presión, en contra del ejercicio de la institución del derecho de propiedad individual o propiedad privada.

Constituidos los políticos en el órgano director o sistema de gobierno, enderezan hoy, como siempre, todas las acciones de intervención económica, aplicando modelos econométricos, ensayo y error, planometría, redistribución fiscal, sofisticación matemática e informática, proteccionismo arancelario, expansión monetaria o inflación, violencia franca y abierta, así como otras metodologías, para que la propiedad de los individuos, vaya a parar a sus haciendas personales y con ello, disfrutar de los frutos del trabajo de aquellos que cumplen con el mandato consignado en la cita del Génesis que se ha inscrito al inicio del presente documento.

En nuestra opinión, aunque el trabajo del Doctor Huerta de Soto es brillante, toca muy tímidamente la institución del derecho de propiedad privada, la cual se constituye en la plataforma esencial sobre la que se asienta la empresarialidad. El análisis de las variables que constituyen el título del libro, "Socialismo, el cálculo económico y la función empresarial", presenta una perspectiva promisoria para profundizar en el análisis del Neosocialismo y el derecho de propiedad privada.

Edwin Rocael Cardona Ambrosio
Huehuetenango, abril de 2012

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