domingo, 3 de abril de 2016

“!VA! PORQUE ¡VA!:

En las columnas de opinión que solemos presentar en este semanario, hace menos de tres meses, al arribo del nuevo gobierno, nos congratulamos de que hubiese sido nombrado como Ministro de Educación, nuestro paisano y amigo (guardando las distancias), Oscar Hugo López un profesional de la educación muy reputado y conocido por las nuevas generaciones de educadores universitarios. Seguimos pensando igual todavía aun cuando ya sabemos la serie de factores que pueden incidir en el éxito o fracaso de la gestión de un funcionario público.
            Uno de esos factores importantes recae en las personas de las que se hace rodear; sus vice-ministros, los más cercanos a él pueden echarlo de cabeza (uno de ellos ya fue pillado en un discurso cuestionable para personal y alumnos de un establecimiento en el que estudió; otros funcionarios del Ministerio de Educación están “en la mira” de los medios, principalmente en la capital de la República.
            Pero no podemos dejar de mencionar a sus representantes departamentales; los Directores Departamentales de Educación sin duda, juegan un papel importante en la credibilidad del funcionario sino son determinantes en la gestión educativa pública y privada de su jurisdicción. No por nada se sigue afirmando “Si el conserje falla, despidan al gerente”; porque el “gerente” nombra y si aquellos que ha seleccionado para que lo apoyen no funcionan, significa que sus decisiones han sido equivocadas; y quien se equivoca en las cosas sencillas, lo más probable, es que cometa errores garrafales en las cosas grandes.
            Hace dos semanas denuncié, en un espacio como este, la sospechosa actitud de funcionarios de la Dirección Departamental de Educación de Huehuetenango (la Directora y  dos de sus más cercanos colaboradores), en su desmedido afán por cambiar una calificación baja de un alumno que perdió un curso con 45 puntos, pretendiendo obligar a la catedrática y administrativos para que subieran a 60 puntos de manera que el alumno en cuestión ganara el curso; llegaron a la amenaza, el chantaje y probable extorsión; la señora directora departamental, en un momento de frustración e impotencia porque sus deseos no convencían de ninguna manera al personal del establecimiento, con muy poco tacto, irrespeto y malas maneras, pronunció la frase que encabeza esta columna “!Va, porque va!” refiriéndose a que sus injustificables, ilegales y corruptas instrucciones, serían cumplidas. Esto es indicativo de que a la funcionaria se le terminaron los argumentos.
            Afortunadamente algo o alguien les hizo entrar en razón y después de que, seguramente por impotencia y decisiones absurdas habían cerrado el sistema procesal de calificaciones del establecimiento con lo que estaban perjudicando a más de 500 alumnos, lo liberaron y el trabajo administrativo de dicho centro educativo pudo seguir adelante.

            Pero estos funcionarios de la Dirección Departamental de Educación que “sacaron el cobre”, con esta corrupta actitud, deben salir por la puerta de atrás; no es posible que gente de esta calaña continúe en una oficina que, supuestamente, dirige el proceso educativo departamental. ¿Qué de bueno podemos esperar de ellos? ¿Qué respaldo idóneo, adecuado, puede tener el Ministro de Educación con “representantes” de este tipo en Huehuetenango? ¿Qué se puede esperar de quienes, saber con qué intereses perniciosos, pretendieron obligar, con muy malas “mañas”, a que los responsables directos, cambiaran una calificación subiendo 15 puntos para que un alumno ganara un curso? Parece una cosa sin importancia, pero entraña una gigantesca corrupción ahí donde nunca debieran darse estos deleznables malos ejemplos.

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