domingo, 27 de marzo de 2016

MISERERE:

Significa “apiádate” o “ten piedad”, pero también puede ser “el canto del pecado y del perdón”, a partir de uno de los Salmos Bíblicos atribuidos al Rey David.
            En este caso particular, es el título de un libro escrito por el querido amigo Lic. Carlos Roberto Herrera Pérez que tuvo la bondad de compartir conmigo por la vía electrónica y que, en un santiamén, he devorado, no por cumplir con un mandato amigable sino porque sentí la necesidad espiritual de seguir leyendo hasta el final, habida cuenta del contenido extraordinario de alguien que ha escrito, no solamente con la mente, sino colocando en cada letra un girón de alma, corazón y vida.
            Tuve la suerte de conocer a Carlos en los primeros años de la década de los ochentas y vi en él a un joven Abogado pulcro, distinguido y noble; nunca tuvimos una entrañable amistad sino más bien una relación de respeto y admiración de mi parte; conforme los años han transcurrido esos sentimientos se han acrecentado; hoy puedo afirmar categóricamente que él es uno de los Abogados más nobles y honorables de Huehuetenango y ¿Por qué no decirle? de Guatemala también, en donde van quedando tan pocos de la talla y de la dimensión de Carlos Herrera.
            Siempre supe de su pasión por la poesía y por las letras en general; algunas veces me comentó de su idea de escribir algo pero tal parece que la intención no cobraba fuerza o a lo mejor, algún atisbo de discreción y de pulcritud o algo similar, no le permitían emprender la tarea; sin embargo, para fines de docencia y quizás por una necesidad espiritual muy profunda, se decidió por fin, entregándonos con mucha sinceridad, una correlación histórica o un retazo de su vida familiar que desgarra, que apasiona y que, sobre todo, es una enseñanza de vida que no se la contó nadie sino que es la experiencia cruda generada al seno de su hogar que, según afirma, a pesar de que en varios momentos los hizo tambalear como padres de familia, a él y su esposa, los ha fortalecido, los ha convertido en mejores padres y en seres humanos más humildes y precisamente por ello, más sabios.
            Pero además de lo brutalmente real de esta historia familiar, también centra su pensamiento en algunas cosas que para beneficio de buena parte de la humanidad, debieran mejorar; escribe por ejemplo, del descuido y del desorden en que se desarrollan reuniones de algunos grupo de Alcohólicos Anónimos en donde el humo de los cigarrillos atormenta, ennegrece y contamina no solo el ambiente sino los pulmones de los asistentes; la falta de respeto por las expresiones abusivas y procaces de algunos asistentes que, sin miramientos, se dicen cualquier tipo de barbaridades sin importarles la presencia de mujeres y algunas veces hasta de niños. No pide que esto cambie así de repente; lo que solicita es que se medite sobre el asunto y que, si lo consideran prudente y atinado, se vaya mejorando en este sentido; el resultado a mediano y largo plazo sería una mayor asistencia de hombres y mujeres necesitados de ese apoyo invaluable.
            Menciona, aunque muy brevemente, la desgracia del consumismo y la comercialización extrema en que se ha caído en profesiones que antes fueron muy respetables y dignas, en la esperanza que se recapacite; y algunos profesionales “no sigan haciendo leña del árbol caído” porque, francamente, no se vale.
            En fin, el Lic. Carlos Roberto Herrera Pérez con su libro “Miserere” nos entrega y nos brinda una lección de vida, a través de párrafos entrañables escritos con “tinta sangre”; todos, padres de familia, hijos, hombres y mujeres en general, aprenderemos mucho de lo que esta honorable familia ha experimentado, de su dolorosa experiencia y de la manera como, poco a poco, han sabido afrontarla con la ayuda del Ser Supremo.
            Creo que la obra solo existe de manera virtual, por lo que si Ud. está interesado en conocerla, debiera solicitarle al autor que se la proporcione; vale la pena.
            Concluyo con mi felicitación muy sincera para Carlos y su esposa por su valentía, por su enorme sacrificio, por pretender enseñarnos sin ambigüedades ni hipocresías, por decir la verdad “aunque se caigan los cielos”.

            Que El Señor siempre les acompañe y que la obra, cuyo compartimiento agradezco de corazón, tenga la difusión y el apoyo que merece.

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