domingo, 23 de agosto de 2015

EL HONOR, EL DEBER Y LA GLORIA:

Tal trilogía, totalmente ética y absolutamente atractiva para las personas honestas que descubren la leyenda al ingreso de la Escuela Politécnica de Guatemala, en donde se afirma que ahí se forman a las personas bajo estas premisas han despertado, por mucho tiempo, no solo la admiración sino el apoyo del pueblo por la institución castrense.
            Y es que, desde su fundación, la historia militar ha tenido, como todo, sus altibajos, fundamentalmente si se le juzga desde la óptica de sesgos políticos determinados, sobre cuándo como tal, ha hecho gobierno o ha cumplido su deber en cuanto a la seguridad interior y exterior.
            Pero para entendernos mejor recordemos lo que dice la Constitución Política de Guatemala al respecto: “Artículo 244. Integración, organización y fines del Ejército. El Ejército de Guatemala, es una institución destinada a mantener la independencia, la soberanía y el honor de Guatemala, la integridad del territorio, la paz y la seguridad interior y exterior. Es único e indivisible, esencialmente profesional, apolítico, obediente y no deliberante…”
            A pesar de lo que se afirma sobre la apoliticidad del Ejército, hemos sido gobernados, en la historia reciente, por los militares siguientes: Jacobo Arbenz Guzmán (El Soldado del Pueblo), Carlos Castillo Armas, Miguel Ydígoras Fuentes, Enrique Peralta Azurdia, Carlos Manuel Arana Osorio, Shell Eugenio Laugerud García, Fernando Romeo Lucas García, José Efraín Rios Mont, Oscar Humberto Mejía Víctores y Otto Fernando Pérez Molina.
            Dentro de este ramillete encontramos de todo: Buenos, muy buenos, malos y peores. Desafortunadamente a algunos de ellos se les olvidaron los postulados de su alma mater que nos ha servido para el título de esta columna: El honor, el Deber y la Gloria y escogieron la corrupción, el enriquecimiento ilícito y el desprestigio total.
            Soy de la opinión de que el rango militar no desaparece por un retiro honroso o no de las filas castrenses; para mí no existe el título de “General retirado”; para mí, quien llegó al ascenso mayor en su carrera militar (y en cualquiera otra disciplina) conservará su rango; si llegó a Coronel, seguirá siendo Coronel aunque ya no esté activo dentro del ejército, ya no digamos cuando se trata de un General de Brigada o División.
            Precisamente por eso es tan penoso que, en el actual gobierno, estén señalados por el dedo acusador de las principales instancias investigadoras del País, el General Pérez Molina y sus principales colaboradores: Gustavo Martínez (su yerno), Juan de Dios Rodríguez, Juan Carlos Monzón, solo para mencionar algunos, militares como él, que también se olvidaron del “honor, el deber y la gloria”.
            Quiérase o no, el desprestigio que ellos acumulan, mancha enormemente a la institución como tal porque, principalmente en el caso del General Pérez, aún ocupa el cargo de Comandante General del Ejército. ¿Qué pensarán y cómo se sentirán sus subordinados?  Muchos de ellos, seguramente son totalmente honorables, cumplen estrictamente con los deberes que tienen frente a la patria y con capacidad, honestidad y esfuerzo, buscan la gloria para ellos, pero principalmente para la Patria que los vio nacer.

            Ante las evidencias que ahora conocemos, con mayor razón, no deberíamos seguir haciendo lo mismo porque, insistimos, obtendremos los mismos o peores resultados y Guatemala ¡NO AGUANTA MÁS!

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