domingo, 18 de octubre de 2015

A UNA SEMANA:

El deporte Nacional por excelencia es el envilecimiento de los demás; destruir prestigios y hacer añicos lo que otros, con denodado esfuerzo, han construido a través de los años. Para ello utilizamos todos los medios a nuestro alcance: micrófonos, cámaras de TV, grabadoras, medios de prensa escritos y demás; pero nos encanta hacerlo de manera anónima para evitar ser identificados y para ello, la herramienta de moda es el internet; para ser más específicos, las llamadas “redes sociales”.
            Creamos cuentas falsas, según nuestro interés, y ahí extirpamos toda la ponzoña que es capaz de embodegar nuestro espíritu perverso y con toda la procacidad que llevamos a cuestas, difundimos calumnias, injurias, difamaciones y situaciones falsas, a cual más diversas; lo que nos interesa es destruir a todo aquel que consideramos un peligro porque puede desenmascararnos. La “campaña política” es la ocasión propicia para algunos de estos engendros demoníacos y lo acabamos de vivir.
            La descalificación es otro de los elementos notables de este “deporte nacional”; la utilizan los politiqueros de poca monta que aun así, no lograron colocarse en los primeros lugares de la opinión pública que los detesta y no los vota.
            Sin embargo, ahora nos enfrentamos a un enigma de difícil solución; la descalificación también la han utilizado (y han abusado de ella) las personas por quienes parte del pueblo de Guatemala acudirá a las urnas electorales este domingo 25, a depositar el sufragio a su favor o para anular su voto…o definitivamente no se tomarán la molestia de acudir. Porque ellos se han descalificado mutuamente en un “espantoso” espectáculo recogido esta semana por cámaras de televisión, que nos dejó la evidencia de lo que nos espera para los próximos años. Descalificación antes que propuestas de política estatal concisa y clara.
            Estos “debates” presidenciales se espera que sean ejemplares en todo sentido porque quienes se postulan para la primera magistratura de la Nación, debieran ejercer la docencia política y gubernamental, aprovechando “la tarima” nacional que medios de comunicación les brindan en bandeja de plata; pero lejos de la calidad de auténticos estadistas, nos presentan la evidencia de que “pasaron por la universidad” pero la academia no pasó por ellos; y lo que es más lastimoso, el medio siglo que aproximadamente han vivido en este mundo, tampoco les ha otorgado “experiencia” y mucho menos sabiduría.
            Ese es el agrio sabor de boca que nos dejó el dichoso debate de la Asociación de Gerentes de Guatemala que abre un abismo de escepticismo y el enigma para quienes, a pesar de ello, acudirán a las urnas el domingo que viene.
            Se escucha con excesiva frecuencia en corrillos sociales y familiares y allá en donde Ud. platique del asunto, que la disyuntiva es morir ahorcado o fusilado o bien, contraer sida o cáncer.
            Usted ¿Qué piensa?

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