martes, 29 de diciembre de 2015

FIESTAS NAVIDEÑAS:

Aparte de las buenas intenciones y los buenos deseos que todos expresamos para esta temporada, está lo que realmente efectuamos a lo interno y lo externo del hogar o del seno familiar.
            Es un hecho que quienes están lejos de su querencia siempre hacen hasta lo imposible por volver y pasarla junto a los suyos; es cierto también que se producen reuniones familiares con todos o con parte de la familia que resultan bellas y hermosas porque la comunicación se establece de una manera casi perfecta. En dichas reuniones, principalmente los jóvenes, hasta se olvidan casi por completo del famoso teléfono celular y participan contando y preguntando de todo.
            En estos días se volvieron muy populares (alguna de ellas hasta viral) las fotografías en las cuales aparece una de estas reuniones familiares en donde se ve la visita que le hacen hijos y nietos a “la abuelita” y en la sala, todos los asistentes a la reunión, excepto ella, están “manejando” sus aparatos de comunicación mientras “la abue” ve desconsolada, como nadie le hace caso; la pregunta que surge de inmediato es ¿Entonces para qué la visita?.
            Supongo que estas fotografías que circularon por las llamadas redes sociales, influyeron de una manera determinante para que las visitas de este tipo se convirtieran en lo que antes del aparecimiento de este invento maravilloso, fueron en su momento: pláticas agradables entre unos y otros; conversaciones en las cuales se establece una comunicación muy agradable; es un hecho que todos aprendemos mucho de todos porque cada uno de nosotros tiene algo que contar, algo que decir, algo que enseñar.  
            Yo estoy muy agradecido porque algo de eso me ha pasado esta vez; entré en comunicación directa con algunos de mis familiares consanguíneos a quienes veo poco; la mayoría que ya no vive en Huehuetenango porque sus ocupaciones y retos los ha llevado lejos y quienes todavía están aquí, tienen un trabajo que los absorbe casi por completo ya no dejándoles tiempo para participaciones familiares del nivel antes dicho.
            Pienso que el mejor regalo navideño que se puede recibir y dar es precisamente la oportunidad de compartir con las generaciones que se iniciaron a partir de un árbol genealógico cuyo “patriarca” aún está vivo y que obviamente, no está simplemente para ser el “director de la orquesta”, sino para ser uno de los integrantes de la misma; solo así la orquesta no será disonante sino que es un ensamble maravilloso de los instrumentos que cada quien interpreta de la mejor manera posible.

            Un saludo muy especial para mi familia completa independientemente de que se haya entablado o no una comunicación bonita en esta temporada. Para todos quienes nos hacen favor de leernos, mi deseo sincero porque esta temporada, que está por terminar, sea inolvidable porque se consideró la mejor hasta ahora.

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