domingo, 21 de junio de 2009

LA GRAN ESTAFA

Principalmente en la mayoría de países latinoamericanos el quehacer político partidista se ha convertido en los últimos años, ya no en el “arte y la ciencia de lo posible” sino en el arte y la ciencia de la mentira, del engaño y del enriquecimiento ilícito y rápido.
Las grandes y honorables personalidades de la mayoría de comunidades no pretenden saber nada de facciones políticas criollas porque no quieren que los confundan con esa pléyade de personajes de la “triste historia”, que han hecho de la política partidista, su “modus vivendi”, porque de eso y para eso viven.
Gobernantes que han sido capaces de vender su alma al diablo con tal de resolver su problema económico hasta la cuarta generación; no se llevan solo un par de millones de las arcas públicas sino que arrasan con lo que pueden para que su vida, al final de su lamentable historia política, no tenga problemas económicos nunca mas y puedan heredar a sus hijos y a los hijos de sus hijos, una vida llena de lujos en la que, tienen tanto dinero, que difícilmente podrán acabárselo a pesar de sus excesos.
Ministros, financistas de campañas electorales, asesores y funcionarios de primer nivel y los de “la rosca” mas cercana, van también en camino de enriquecerse con la promoción de los negocios del gobierno en los que siempre hay una danza millonaria.
Diputados, en la mayoría de las ocasiones, con discretos conocimientos académicos y quienes jamás han presentado ni presentarán nunca una iniciativa de ley de beneficio popular, solamente seguirán leales al partido político que los llevó al Congreso, si este les mantiene la promesa de ocupar una casilla ganadora para las próximas elecciones; caso contrario, estarían dispuestos a venderse al mejor postor con tal de mantener los privilegios que, adicionalmente, les brinda la curul que ocupan.
Estos señores (as), además del jugoso salario legal que devengan, con el que podrían vivir cómodamente durante el tiempo que permanecen en tan feliz situación, por supuesto que no se conforman con ello; se las ven y se las ingenian para conseguir una que otra “entradita” extra que les engorde su cartera.
Es por eso que diputados oficiales y de la llamada “oposición”, se han convertido en generosos gestores de obras y puestos de trabajo con el gobierno porque de ambas actividades les queda “embarrada la olla”: Si consiguen obras para una comunidad determinada, es el alcalde del lugar quien tiene que “azotar” con la comisión que puede variar entre un 15 y un 40% del precio total de la obra; si es un puesto para alguno de los necesitados de trabajo, este pobre sujeto debe pagarle al generoso diputado que le consiguió el empleo mientras “disfrute” de el, la módica suma consistente en el 50% del sueldo mensual que devenga; de esta manera es que actúan los bondadosos diputados convertidos en “gestores” de negocios sucios.
Y ¿Qué decir de alcaldes, síndicos y concejales de algunas municipalidades? Los primeros deben resarcirse lo mas pronto posible de lo que gastaron en la o las campañas electorales que por fin los llevaron al “hueso”; para ello, usan todo tipo de subterfugios de manera que puedan manejar el presupuesto municipal a su sabor y antojo; hasta construyen puentes en donde no hay ríos; las obras fantasma y las sobre-valoradas abundan, tal la codicia, avidez y ruindad, además de la voracidad con la que llegan al puesto; los síndicos y concejales, que también compraron “la chamba”, deben colaborar con el jefe, para recibir su “tajada”; las dietas son manejadas irresponsablemente para mantenerlos callados a todos; los contratos de obras y de trabajo, también son utilizados como privilegios y pagos de facturas políticas aunque el presupuesto municipal “truene”; eso es lo de menos. Todos están “alineados” y siguen órdenes precisas de “los jefes”, aunque las circunstancias y lo que salta a la vista, diga lo contrario; todos deben “taparse con la misma chamarra” porque esa es la consigna.
Cuando alguna comunidad se de cuenta de la triste realidad, cuando se entere de la gran estafa de la que ha sido objeto, será muy tarde.
Debo concluir con dos razonamientos importantes: a) Dentro de esta clase política partidista existen muy honrosas excepciones y b) Cualquier parecido de lo que aquí ha quedado escrito, con la realidad de Huehuetenango, es una mera coincidencia.

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